Elegir dentista no es una decisión menor. Se trata de una relación que, si sale bien, dura años y toca algo tan diario como masticar, hablar o reírse sin pensarlo.
En un barrio como Aluche, en el suroeste de Madrid, la oferta es amplia. Y justo por eso merece la pena tener claro qué se compara.
Continuidad del equipo. Preguntar quién hará el tratamiento y si esa persona seguirá allí dentro de un año no es desconfianza, es sentido común. La rotación de profesionales es uno de los grandes problemas de la odontología actual.
Primero el diagnóstico, luego el precio. Lo esperable es que primero expliquen el problema, después las alternativas y por último lo que cuesta cada una. Si el presupuesto llega antes que la explicación, hay motivo para desconfiar.
Prevención frente a venta. Buena parte de lo que llega a la consulta se habría evitado con revisiones periódicas. Cuando el profesional insiste en la higiene y en las revisiones, está trabajando para que vuelvas menos, no más.
Qué se está usando. El paciente tiene derecho a saber qué implante lleva puesto, qué material se ha usado y qué garantía tiene.
Cercanía real. Un tratamiento con varias visitas se abandona con facilidad si la clínica dentista Aluche queda lejos. Que la clínica esté en tu barrio es, en la práctica, lo que hace que termines lo que empiezas.
Aplicando estos criterios, la decisión deja de ser una lotería. Lo demás, la reforma del local o los folletos, importa bastante menos de lo que parece.